Vivimos en un momento en el que lo digital forma parte de casi todo lo que hacemos: la banca, la sanidad, la energía, la administración pública… todo depende de sistemas tecnológicos interconectados. Con ese escenario, la ciberseguridad ya no es una opción; es una pieza fundamental para mantener negocios, servicios y datos seguros.
El informe El estado de la ciberseguridad en España 2025 de Deloitte pone sobre la mesa tendencias, avances y retos que conviene conocer. Aquí te lo explicamos con sentido común y ejemplos fáciles de entender.
1. La seguridad digital ha dejado de ser solo técnica: se ha convertido en el núcleo del negocio
Las compañías han comprendido que la protección de sus sistemas no consiste únicamente en la instalación de software o firewalls, sino que es una cuestión estratégica. Ya existen organizaciones en las que la seguridad se habla con igual seriedad que la innovación o los objetivos comerciales.
Pero muchas otras aún van a ritmo lento: no todas han creado comités para coordinar negocio y ciberseguridad o no han integrado esta visión en sus decisiones diarias.
2. La dirección tiene mayores responsabilidades (y obligaciones)
Las nuevas normas europeas —como NIS2 o DORA— ponen en evidencia una idea: la responsabilidad de la seguridad informática llega hasta los altos cargos de la empresa. Eso significa que no es suficiente decir “lo gestiona IT”, sino que mandos ejecutivos deben demostrar que toman decisiones concretas con responsabilidad real.
Esto requiere que se registren los procesos, se evalúen los riesgos y se esté listo para auditorías o incluso para reclamaciones.
3. Tener más dinero no siempre implica tener más seguridad real
La mayor parte de las compañías encuestadas por Deloitte admiten que han aumentado su presupuesto en ciberseguridad, sabiendo la realidad de las amenazas.
Sin embargo, sigue siendo un reto determinar si ese gasto se convierte en una protección efectiva o si simplemente financia herramientas sin una estrategia definida detrás.
4. La ausencia de talento especializado es un problema muy presente
España, al igual que varias naciones, experimenta una discrepancia entre la oferta y la demanda de profesionales en ciberseguridad. Hay mucho trabajo por hacer, pero no siempre los perfiles apropiados para liderarlo.
De hecho, distintos organismos han señalado la necesidad de miles de profesionales formados para cubrir los puestos que las empresas requieren. Esto no es solo un asunto técnico, sino también cultural: se trata de la habilidad para manejar riesgos en todas las áreas de una empresa y de la cultura de seguridad.
5. Las amenazas son más sofisticadas y frecuentes
El Demo Day de Startup Inspire no fue solo un encuentro de cierre, sino una celebración del talento, la innovación y el Los datos más recientes muestran que los ataques siguen creciendo, y con ellos la complejidad de las técnicas que emplean los ciberdelincuentes. Por ejemplo, España ha experimentado un aumento notable de ataques de ransomware (el tipo donde los datos se secuestran y se exige un rescate) que han afectado a sectores como sanidad, energía o defensa.
Hay delincuentes que operan como grupos organizados, con “servicios” especializados que pueden alquilarse o comprarse online, lo que facilita que se generalice este tipo de delito.
6. El elemento humano continúa siendo fundamental
A pesar de que la tecnología es fundamental, los seres humanos continúan siendo una parte crucial. Numerosos incidentes se inician con un sencillo error: una contraseña poco segura, un correo electrónico fraudulento que se abre sin comprobar o un sistema que no se actualiza.
Por lo tanto, las compañías deben formar a sus equipos, incrementar la cultura de seguridad cibernética interna y llevar a cabo simulacros que capaciten a todos para reaccionar ante un ataque real, además de contar con herramientas técnicas.
7. La protección de datos es también la protección de la reputación
La información confidencial no es el único objetivo de una brecha de seguridad, ya que además puede tener la capacidad de dañar la confianza de los usuarios y los clientes. Así pues, para numerosos líderes, la ciberseguridad no se ve como un «gasto», sino como una inversión en la reputación a largo plazo y en la continuidad de las operaciones.
¿Qué se puede aprender de 2025?
El panorama luego de 2025 es evidente: la ciberseguridad no puede seguir considerándose como un simple arreglo tecnológico o como una labor únicamente de los técnicos. Es parte esencial de la infraestructura que respalda toda compañía o servicio que confía en la digitalización.
Algunas propuestas prácticas que se derivan de esta situación:
- Involucrar a toda la empresa en la protección de activos digitales, no solamente a los departamentos de IT.
- Documentar y medir los controles y riesgos para mostrar diligencia a los clientes y reguladores.
- Formación constante, dado que muchos incidentes que podrían evitarse con un conocimiento básico.
- Combinar herramientas con procesos y cultura de seguridad, no basta con tecnología aislada.
- Vigilar y mantener actualizados los sistemas, porque viejos sistemas son puertas abiertas para atacantes.
En definitiva, 2025 ha sido un año de despertar: las amenazas evolucionan, la regulación empuja, y la digitalización continúa. Lo que queda claro es que ciberseguridad es una responsabilidad de todos —desde la dirección hasta cada colaborador— y un elemento crítico para competir con confianza en la economía digital.