Las cifras de inversión en startups en España invitan a una lectura menos obvia de lo que parece. El volumen total destinado a financiación se mantiene en el entorno de los 3.100 millones de euros, ligeramente por debajo de los máximos registrados en ejercicios anteriores. A primera vista podría interpretarse como un retroceso, pero el dato pierde dramatismo cuando se observa lo que ocurre por debajo.
Durante el último año se cerraron más operaciones que nunca. Las rondas crecieron en número y eso cambia la foto: el capital se ha repartido entre más compañías y en tickets más contenidos. Hay menos grandes titulares y menos megarrondas, sí, pero más actividad real. En la práctica, más equipos han conseguido sacar adelante sus planes de crecimiento, aunque con importes más ajustados.
El mercado, por tanto, no se ha frenado. Simplemente ha dejado atrás la excepcionalidad de los años de sobreabundancia para entrar en una etapa de mayor disciplina.
Menos apuestas tempranas, más foco en proyectos con tracción
Otro cambio relevante tiene que ver con el momento en el que entra el dinero. Las fases más iniciales, tradicionalmente asociadas a la experimentación y al riesgo alto, han perdido peso relativo. No han desaparecido, pero el apetito inversor es más selectivo.
En cambio, las rondas de crecimiento —cuando la startup ya tiene producto, clientes y métricas claras— concentran cada vez más recursos. La lógica es sencilla: en un entorno más prudente, se priorizan modelos validados frente a promesas. Los inversores buscan visibilidad y certezas, no sólo potencial.
Por sectores, el protagonismo vuelve a recaer en negocios tecnológicos con capacidad de escalar rápido. El software empresarial, las soluciones basadas en inteligencia artificial y las compañías vinculadas a ciencia y salud figuran entre las que más capital atraen. Son ámbitos donde la diferenciación tecnológica pesa y donde España empieza a tener equipos con ambición internacional desde el primer día.
Capital más profesional y un ecosistema que madura
También ha evolucionado el origen del dinero. El venture capital sigue siendo el motor principal, pero cada vez es más habitual ver operaciones en las que conviven fondos nacionales e internacionales. Esta combinación no solo aporta financiación, también experiencia y acceso a mercados exteriores, algo clave cuando el crecimiento pasa por salir fuera.
Geográficamente, Madrid y Barcelona continúan concentrando la mayor parte de la actividad, aunque otros polos van ganando presencia de forma discreta. No se trata tanto de volumen como de especialización: hubs más pequeños, muy centrados en determinados sectores, que empiezan a generar su propio flujo de proyectos.
En conjunto, el ecosistema transmite una sensación distinta a la de hace unos años. Menos euforia y más consistencia. Puede que las cifras ya no llamen tanto la atención, pero el tejido empresarial parece más amplio y más sólido. Y eso, a medio plazo, suele ser una señal más fiable que cualquier récord puntual de inversión.
Fuente: https://www.muypymes.com/2026/01/29/inversion-startups-millones-crece-rondas-financiacion